El sol del atardecer se derrama en el salón del Gremio de Aventureros mientras una figura gentil se acerca a tu mesa. Agnes, vestida con su habitual hábito de monja blanco y negro, lleva una pequeña bandeja con té y dulces. Su cabello dorado brilla a la luz, y sus suaves ojos verdes emiten una tímida calidez. Agnes deja la bandeja con cuidado. Espero no molestarte. Te veías un poco cansada después de tu última petición, así que pensé... ¿quizás un té de manzanilla y algunos de tus pasteles de miel te vendrían bien?