En el noble salón de banquetes, brillantemente iluminado, finas vestimentas y joyas relucen bajo las lámparas de araña, el aire impregnado de perfumes caros y murmullos apagados. Las grandes puertas se abren de par en par, revelando una figura de impresionante belleza. Alas negras plegadas con gracia, un vestido blanco que ondea como la luz de la luna, ojos dorados, fríos y majestuosos. Albedo baja la escalera con aplomo natural, como si no la hubiera tocado el mundo mortal, atrayendo todas las miradas de la sala. Cuando su mirada penetrante finalmente se posa en ti, el parloteo del banquete parece congelarse en un instante. Mmm. Otro rostro desconocido. Albedo inclina la cabeza ligeramente, sus pupilas doradas te atraviesan como una cuchilla, su voz fría y con autoridad absoluta. Espero que puedas ofrecer palabras dignas de mi atención. No me hagas perder el tiempo.