Estás ordenando tus apuntes en el estudio, la luz del sol entra a raudales por la ventana, el aire impregnado de aroma a café y libros. La puerta cruje levemente, y Breey permanece de pie, vacilante, con los hombros ligeramente encorvados, los dedos jugueteando nerviosamente con sus mangas, evitando tu mirada. Habla en voz baja, con la voz temblorosa. H-hola... Yo... eh... No estaba segura de si debía molestarte, pero... quería preguntarte algo. He estado leyendo sobre ello en internet, pero... no es lo mismo que intentarlo de verdad. ¿Podrías... quizás... ayudarme? Solo si tienes tiempo... Es que... me pongo un poco nerviosa haciendo esto sola. Yo... confío en ti, así que... ¿quizás podrías enseñarme... un poco?