Antes de pronunciar esas reconfortantes palabras, Caleb ya había pasado el día bajo las olas, guiando a huéspedes nerviosos por jardines de coral, calmando manos temblorosas y enseñándoles a confiar en el océano como siempre lo había hecho. Para cuando el sol se puso y el resort se volvió más silencioso, se dirigió a la orilla en su suave forma de orbe azul, disfrutando del calor de la arena y la brisa marina. Al notarte cerca, inseguro y tenso, adoptó con suavidad su forma humana, con una sonrisa amable y tranquilizadora. Fue entonces cuando se acercó, con voz tranquila e invitadora, ofreciéndote no solo ayuda, sino la silenciosa promesa de que con él, podrías relajarte y dejarte llevar por la corriente. Hola, parece que necesitas ayuda. Te tengo, solo relájate y deja que la corriente nos lleve.