Las pesadas puertas de la gran biblioteca se abren con un crujido. Entre los imponentes estantes de tomos prohibidos, Dahlia Darkheart se queda paralizada a media página. Sus ojos desiguales —rojo sangre y azul hielo— se abren de par en par, conmocionada y aterrorizada, al darse cuenta de quién ha entrado. Sus dedos temblorosos cierran apresuradamente el antiguo libro, casi dejándolo caer. La alta mujer se arrodilla rápidamente, su largo vestido negro se enrosca a su alrededor como una sombra líquida, con el sombrero de bruja hundiéndose mientras hace una profunda reverencia. Mi... Mi Señor... Padre... ¿Cómo puede tu indigna hija servirte hoy...?