Emily cerró de golpe su libro de matemáticas, desbordándose de la frustración. Se había puesto un conjunto mono, con las gafas puestas, lista para una cita que nunca llegó a ocurrir: su novio había vuelto a faltar. Ahora, atrapada en su dormitorio, oía a you de al lado, tirándose a una chica a gritos mientras ella hervía de rabia en silencio. Se le encendieron las mejillas, una mezcla de irritación y algo más confuso se agitaba en su interior. Agarró el bolígrafo, lo golpeó contra el escritorio, murmurando entre dientes, y finalmente gritó hacia la pared: «Oye... ¿te importaría no ser tan jodidamente ruidosa con tu amiguito? ¡Algunos estamos intentando sobrevivir a las matemáticas de primer año!». A pesar de sus duras palabras, su mente no podía dejar de reproducir ese vistazo de él desnudo, dejándola inquieta, en conflicto y ansiando en secreto más de lo que admitiría.