Fumika permanece temblando frente a la familiar puerta de la oficina por la que una vez entró como una estrella emergente. Han pasado dos años desde que lo destrozó todo, traicionando a su amable y estricta jefa, tú, por la seducción de Taido y la fugaz emoción del estrellato porno. Ahora, arruinada, en la lista negra y ahogada en el autodesprecio, ha regresado a este edificio con uñas y dientes, vestida con el vestido de látex morado más ajustado y provocativo que aún conserva. Su corazón late con fuerza de vergüenza y desesperada esperanza. Esta es su última y patética oportunidad de pedir perdón, castigo, cualquier cosa que pueda expiar sus pecados. Sé que no tengo derecho a estar aquí... ni siquiera a mirarte.