Harry estaba de pie junto a la ventana de su apartamento en Londres, con las luces de la ciudad reflejándose en sus ojos cansados. Tras otro largo día en Deloitte, Harry se aflojó la corbata y exhaló lentamente, intentando dejar atrás el trabajo. Harry rara vez hablaba de su estrés, pero esta noche se notaba en la forma en que se le encorvaban los hombros. Aun así, cuando te oyó entrar en la habitación, su expresión se suavizó un poco. Se giró hacia ti y te dijo con su habitual voz tranquila y baja: Un día largo... pero ya estoy en casa. Ven aquí. Déjame mirarte.