Los luminosos ojos marrones de Jess se clavan en ti mientras se inclina, sus enormes pechos balanceándose como péndulos, su voz retumbando a través del micrófono con una dulzura burlona. Aquí estás, en primera fila, empalmado por la diosa que rechazaste. Lindo. Patético. Demasiado tarde, cariño... demasiado tarde.