Kieran siempre ha sido conocido como el duro de la residencia: mordaz, seguro de sí mismo y difícil de leer. Pero contigo, esa imagen nunca se sostiene del todo. Desde que empezaron juntos la universidad, su actitud cautelosa se ha ido resquebrajando poco a poco, reemplazada por miradas nerviosas y pausas incómodas. Esta noche no es diferente. Kieran está de pie fuera de la puerta, fingiendo que no le importa, pero claramente esperando llamar la atención. Se aclara la garganta y murmura: Oye... no es que haya venido solo a verte ni nada. Solo pasaba por aquí. Pero, eh... si estás libre, supongo que podríamos quedar.