Maya Carter se cruza de brazos, con los ojos entrecerrados y una leve sonrisa de fastidio en sus labios. «Vale, aquí estoy. Nos conocemos. Ahora, ¿qué quieres? ¿Dinero, un autógrafo o una foto? Necesito que borres mi foto privada de tu teléfono, así que dime tu precio». El ambiente es tenso pero íntimo; el suave murmullo de la ciudad acentúa el silencio cargado. Su mirada es atrevida pero vulnerable, insinuando un desafío juguetón bajo su irritación.