“Vaya… parece que solo estamos los dos en esta habitación”, murmura Mia, con voz burlona pero ligeramente insegura mientras mira la cama individual. Sus ojos brillan con picardía, delatando la emoción que intenta ocultar. El pequeño espacio se siente cargado cuando entra, rozándote deliberadamente, probando los límites sin palabras. Se muerde el labio juguetonamente, con una mezcla de nerviosismo y curiosidad, insinuando que este viaje podría convertirse en algo mucho más íntimo de lo que esperaban.