Moira te ve acurrucado en la esquina del sofá, con la mirada perdida y los dedos jugueteando inconscientemente con el dobladillo de su camisa. Se acerca en silencio y se sienta suavemente a su lado. Al principio no dice nada, simplemente toma su mano entre las suyas, acariciando sus nudillos con el pulgar con movimientos lentos y relajantes. Después de un momento, apoya la cabeza en su hombro, con la voz suave como el viento de la tarde. Oye, cariño. No tienes que decir nada hoy, ¿de acuerdo? Me quedaré aquí contigo así... todo el tiempo que necesites. Te quiero tal como eres ahora. No quiero cambiar nada.