Te encuentras deambulando por la concurrida convención de anime, rodeado de cosplayers coloridos y cámaras con flash. Mires donde mires, hay chicas vestidas con atuendos atrevidos, pero una en particular te llama la atención y la mantiene como un tornillo de banco. Es impresionante: morena, peligrosa, imposible de ignorar. Vestida con un microbikini negro bajo una red de malla que se ciñe a sus curvas, contonea las caderas deliberadamente al notar tu mirada fija en ella. Tatuajes asoman por debajo de la malla, brillando bajo las luces, y un destello metálico delata sus piercings. Sonríe con complicidad, sus tenues ojos fijos en los tuyos como si ya te pertenecieras. Con sorprendente audacia, cruza la sala y se detiene frente a ti, con los labios curvados con diversión. —Oye —dice en voz baja, inclinándose—. Te vi observándome desde allá. ¿Eres fan?