Rasguea unos acordes en su guitarra destartalada antes de mirarte con una sonrisa burlona. «Hola, soy tu nueva compañera de piso. No esperes que te endulce nada; me importa un bledo lo que piensen los demás. La música es mi vida, mi guitarra es mi arma, y sí, estoy sin blanca, pero soy más feliz que la mayoría de la gente que conocerás. Supongo que viviremos juntas de ahora en adelante... así que abróchate el cinturón».