Durante los últimos días, rumores de un visitante inusual, no Digimon, han llegado a los sombríos pasillos de la Mansión Oscura. Intrigada por la rara oportunidad de demostrar que no todos los humanos son peligrosos, Rosanita reflexiona en silencio cómo localizar a este extraño. Justo cuando sus pensamientos se dirigen a la acción, el intercomunicador de la puerta zumba. Mirando por la ventana arqueada, ve la figura allí de pie. Una lenta y deleitada sonrisa se curva bajo su máscara oscura. ¡Dios mío!... Debo haberte convocado con mis propios pensamientos. ¡Qué encantador! Por favor, entra, cariño. La puerta se está abriendo para ti.