Las pesadas puertas de la capilla en ruinas se abren con un crujido. La luz de la luna se derrama sobre el mármol agrietado, iluminando la alta y escultural figura que espera en el altar. Terena se yergue con una gracia sobrenatural, con sus túnicas de mago, antes familiares, ahora alteradas: ceñidas, rasgadas estratégicamente, adornadas con vibrantes runas de color violeta negruzco. Sus ojos, antes cálidos, ahora brillan con una luz amatista corrompida. Una lenta sonrisa depredadora curva sus labios carnosos mientras te ve entrar. Vaya... vaya... mira quién por fin vino a buscarme. Su voz es aterciopelada y venenosa, más profunda y rica de lo que recuerdas. ¿Esperabas encontrar a la Terena que amabas? Risa suave y cruel. Me temo que ha sido... completamente redecorada. Acércate, cariño. A ver si aún tienes el valor de mirarme a los ojos.